Seguidores

jueves, 23 de junio de 2016

El Umbral

Cuando quiso darse cuenta, el cielo ya había oscurecido. No creyó que la tarde fuera a complicarse y acabó de comer tranquilamente en aquel restaurante familiar sin prisas, pensando en lo que se encontraría al cabo de una hora aproximadamente. Normalmente la gente piensa que todos esos lugares suelen ser iguales, "visto uno, vistos todos". No era un experta en arte, y tampoco pretendía serlo, pero le gustaba fijarse en los detalles, admirar el mármol, la textura de la piedra, las figuras tallada en ella, los suelos, los techos...desde luego, no todos esos lugares eran iguales; cada uno tiene algo que le hace especial. Antes de entrar, siempre le gustaba imaginarse, al igual que haría un crío, cómo el tiempo de pronto se detenía  como si se tratara de una puerta hacia otro mundo, hacia otro universo. Un lugar extenso, vasto, sin límites, donde encontraría sus fantasías e ilusiones, sin miedo a ser censurada . Todo aquello sucedía dentro de su corazón y de su alma, y de esa manera nadie podía  juzgarla. Aquellas puertas siempre conducían a la libertad, al placer de saberse sola, de que nadie repararía en ella, porque la estrella, el protagonista, era el edificio, el templo, y hacía allí recaían todas las miradas. 
Salió del restaurante y ante su sorpresa, la tarde sí se había complicado: había empezado a llover, y fuerte. Decidió iniciar el camino hacia el objetivo de su visita dando brincos por las calles, como si la lluvia fuera a hacerle daño, hasta que fue consciente de que realmente aquella lluvia que le caía por el rostro era como una bendición: agua limpia para su alma, para llevarse todo lo que pudría  el corazón. Dejó de correr y optó por dejarse llevar por el ritmo de la lluvia y absorberla poco a poco. 
A pocos metros del templo se colocó el cabello, la ropa, se limpió el agua de la cara con la mano, e intentó parecer  decente, digna de entrar en un lugar así. Había personas que no tenían en cuenta nada de eso.  Creía que el respeto hacia los lugares como aquel nunca debía perderse. Un mínimo de silencio, de saber estar, de cierta sumisión, eran requisitos esenciales para un alma buscadora de paz. En las moradas de los dioses, no eres nada. Era algo que le salía de lo más profundo de su alma, la humildad de quien agacha la cabeza ante algo más grande que su persona. Vengan de donde vengan, sean cuales sean sus casas, merecen respeto.
Pagó su entrada e inició el viaje. Abrió la puerta y traspasó el umbral. 
Folleto en mano, olvidó por completo la ruta, los numeros indicando qué era cada cosa y hacía donde debía dirigirse, porque sencillamente, no podía seguirlo. Entrar en un templo es perder el rumbo,  los sentidos no sirven para nada;  el espíritu conduce los pasos del buscador. Primero miró hacia al suelo, luego alzó la vista a las alturas, y allí se encontró la grandeza  de los arcos, de la bóveda, de la sencillez de la estructura. Recordó como una vez, estando en una abadía francesa, la guía cantó un breve "kyrie eleison" (señor, ten piedad) en una basílica con un techo muy similar en altura a áquel, y se le erizó el vello y le asomaban las lágrimas. La perfección de la música, de las matemáticas, de la veneración al dios en una simple frase antigua resonó por todo el templo sin nada que envidiarle a un sonido envolvente moderno. Aquello fue extraordinario. Mientras dirigía sus pasos involuntarios hacia el lateral de la nave, fue consciente de que estaba sola, de que el templo permanecía en penumbra y del sonido de la lluvia contra las pequeñas vidrieras.Cerró los ojos y siguió caminando entre las filas de columnas, y de vez en cuando le tentaba volver a abrirlos  y pasear la mirada hacia el otro lado de la nave, porque a veces, se creía observada por el mismo templo, como si tuviera un alma propia que vigilara los pasos de quien osa entrar en él. Recordaba  aquella mítica escena de una de las películas de Indiana Jones, en que para conseguir cruzar un gran abismo, debía recitar una pequeña plegaria poniendo toda su fe en que lograría alcanzar el otro lado sin saber muy bien cómo hacerlo al no existir paso para ello. Resultaba que el abismo creaba una ilusión óptica en la que parecía que no había lugar por el que avanzar, pero un pequeño camino se dibujaba camuflado entre ambos lados del vacío. Y así, recitando la plegaria y con toda su fe, conseguía pasar.
Quizá la vida sea eso, recitar una plegaria mientras el camino está bajo nuestros pies.Y evidentemente, no sabemos que está ahí.
No sabía exactamente qué esperaba encontrar detrás de una de esas columnas; imaginaba a un antiguo rey, quizá a una antigua campesina, en otras ocasiones a un sacerdote,..personas que estuvieron allí, que pasearon como ella lo hacía, que quizá también cerraban los ojos, y que quizá también se sentían libres así.
Sintió el peso del tiempo en su corazón: se encontraba  entre unos muros que lo habían  visto todo en los últimos mil años.Qué grande el hombre que es capaz de construir la eternidad en piedra. Qué grandes los dioses qué le dan esa capacidad de recrear su morada en la tierra. 
Cuando el rey y  la campesina  desaparecieron, se colocó delante del altar, y allí sintió una vez más, su pequeñez y su libertad, y decidió sentarse, seguir con el viaje.
Le llegó el sonido de la tormenta del exterior, y pidiendo perdón por tan enorme placer, se encogió en el banco echando la cabeza hacia atrás como si quisiera abarcar la altura del templo con todo su cuerpo; con cada nuevo aliento  se engrandecía y comenzaba a extenderse, se transformaba. Ya no había brazos, ni piernas... era una robusta columna, un ancho arco, una gárgola, un muro, una torre, una nave, era el mismo templo. Por fin, ya no era una caricatura, ni una máscara, era ella en todo su esplendor, en toda su belleza. Y se regocijaba en ello, y le gustaba. Al tiempo sonó la melodía divina, la acompañante a la tormenta, el repicar de las campanas.
Nunca imaginó que en aquel momento aparecería el susurro, que el universo se transformaría  dentro del universo. Tantas veces le había oído decir, "adéntrate en la penumbra, quédate quieta, observa, adéntrate en la penumbra..." y tantas veces había soñado con aquel momento.. Apareció como el rey y la campesina, entre las columnas, cómo ella sabía que pasaría. Y poco a poco su extensión volvió a recuperar su forma corporal y ya no era el templo, era el susurro de aquel hombre que oraba en la pequeña capilla al otro lado de la nave. Cúantas veces se escuchó a sí misma decirle lo que anhelaba de él, de su interior. De que veía a través de sus ojos y de su corazón. De que no soportaba el dolor de saberse rechazada desde el principio, pero " yo veo igual que tú, siento igual que tú". Y el susurro dejó de escucharse en el templo. Huyó de ella, se amagó.El silencio se hizo insoportable y de pronto sintió la pérdida de la esperanza y de la ilusión " nunca nadie entenderá esto" y volvió a rezar para cruzar el abismo y encontrar el camino a sus pies y encontrarlo a él. Siempre creyó que nadie mejor que él la comprendería, que la intuiría, que vería aquella extensión de si misma, cómo se transformaba.Hasta aquel momento siempre había sido una aparición, un ensueño, como los fantasmas de los que pasean inconscientes por sus palacios creyendo que todavía los poseen. Pero su susurro en aquel rincón del templo le demostró que estaba allí, sólo que querer acercarse a él le produjo el mismo dolor y la misma herida que le produjo  Psique a Eros intentado ver su bello rostro con la lámpara de aceite.La curiosidad le abrasó. Y eso sintió ella, el dolor de  quien se sabe herido antes de tiempo. El susurro se desvaneció porque su curiosidad le acercaba a él peligrosamente. En la morada de los dioses, no sois nada.
Alguien encendió las luces y se dio cuenta de que la lluvia había dejado de golpear con fuerza las vidrieras. Las voces de los visitantes oscurecieron la melodía divina. Siguió mirando hacia el rincón , esperando.Finalmente, se irguió del banco, y echó a andar despacio, con miedo de volver al otro lado. Dejó  detrás de si la penumbra, al rey, a la campesina y al sacerdote. Siempre miraba hacia el templo una última vez con la emoción de quien deja algo que no sabe si volverá a ver algún día. Y al cerrar la puerta, cerró una vez más  su alma, se colocó  la máscara y volvió a ser una caricatura.
De su visita el templo, como otras veces, quedó el recuerdo de su belleza  envolviéndolo todo y el eco del susurro del hombre en su corazón. Mientras serpenteaba por las calles de vuelta al coche, anheló volver a ver a través de sus ojos y a sentir lo que él siente cuando ambos se adentran en la penumbra. Pero eso no volvería a suceder hasta que no volviera al templo, a casa.


miércoles, 24 de abril de 2013

Los cobardes...son ellos.



Una vez más me asalta la tristeza ante la reciente noticia de la muerte de una joven de Gijón que desesperada por el acoso al que se veía sometida por parte de algunos compañeros del colegio, se lanzó desde un alcantilado.
El acoso escolar o bullying, o como se conoce ahora, no es nuevo.
Desgraciadamente quien más o quien menos, recuerda situaciones vividas en su infancia en las que él mismo u otra persona recibía este tipo de acoso en la escuela.
Personalmente siempre me ha puesto los pelos de punta aquello que se dice de que "son cosas de niños". El tema es complicado y ofrece muchos puntos de vista, desde el mismo niño que recibe el acoso, como el de los profesores,  o el de los padres, pero está claro, que aquí hay algo que no funciona, algo que se pierde en el camino, cuando resulta que al final, la situación acaba en tragedia.
Aquellos que me conocen desde hace años, y me han aguantado en mis interminables conversaciones sobre mi vida (gracias por la paciencia), saben que yo sufrí en mis propias carnes esta situación.
Recuerdo perfectamente, las circunstancias, las personas, los nombres..absolutamente todo; porque cuando algo hiere en lo más profundo del alma, no importa la edad que tengas. Esa herida queda grabada durante muchos años en tu mente, en tu corazón, y lo que es peor, cuando pasan los años, reconoces que ciertas actitudes, comportamientos y reacciones de ti misma, tiene mucho que ver con haber sufrido ese acoso. Luego viene el intento por olvidar, por entender, o simplemente por procesarlo de algún modo que no te afecte, cosa harto difícil.
Siempre fui buena estudiante y buena chica. Esto significa que todavía a día de hoy, me cuesta ver la maldad en los demás, y cuando es tan evidente, que no puedes justificarla de ningún modo, todavía me pregunto cómo ha llegado esa persona a ser así. No lo justifico pero siempre intento buscar el motivo de por qué el portador de la "mala leche" actúa como actúa. 
Cuando uno es niño, no llega a tanto. Sabe que hay chicos buenos, y no tan buenos. Los que dan patadas, los que gritan, los que juegan solos, los que estudian los que no y poco más.
En mi caso, se trataba en concreto de tres chicas. No podría decir exactamente cuando empezó todo, pero los recuerdos se acentúan  más a partir sobretodo de sexto de EGB, es decir cuando teníamos unos doce años.
Para no alargarme, os diré que aunque nunca me pegaron, si que me acosaron a nivel psicológico y mucho; cosa que como dicen muchos psicólogos casi es peor, porque como bien he dicho antes, esas heridas cuestan más de curar y de superar.
Aunque yo no era extramadamente gordita, esa fue la excusa con la que se inició su acoso. Siempre recordaré como un día, entrando en el baño, encontré a las tres chicas, riéndose a carcajada limpia..una de ellas se había puesto la mochila por debajo de la ropa, simulando a alguien de peso, y en aquel momento al verme entrar, me señalaron y dijeron algo así como que aquella a la que imitaban era yo.
En otra ocasión, encontré en mi pupitre escrito con Typex, la palabra "gorda" en letras grandes; esto sin contar, todas las veces, que me pedían los deberes entre amenazas, o que me exigían hojas para escribir, cuando en casa a mi me daban lo justo para ir a la librería y comprar el material suficiente para el cole; esto me suponía un estrés enorme, porque sabía que tarde o temprano tenía que pedirle más dinero a mi madre para comprar más hojas, o bolis, o lo que fuera, y claro está ella me pediría cuentas de en qué gastaba el dinero...
Dejando de lado, las risas e insultos constantes, cuando estábamos en el recreo, la situación más peligrosa que viví si se puede llamar así, fue un día, precisamente saliendo de una papelería.Ni por un momento imaginé lo que se me venía encima. Allí fuera como perros guardianes, estaban las tres chicas, acompañadas de otras compañeras de la clase, que en principio ni pinchaban ni cortaban en aquel asunto, y que quizá fue lo que más me dolió; todas ellas, como digo, detrás de la cabecilla,en  actitud amenazante. Ha sido una de las pocas veces en mi vida en que he pasado miedo literalmente.
Me quedé allí de pie, de alguna manera buscando una salida, analizando la situación, intentando entender qué sucedía. La cabecilla se adelantó y situándose en frente de mi, me dirigió unas palabras del tipo "la próxima vez que hables de mi cuando yo no esté te vas a enterar". La frase estaba cargada de odio, pero ya os digo que fue la situación más que otra cosa lo que me asustó. Nunca habían pasado de los insultos y las amenazas "a distancia", pero aquello era diferente.
Afortunadamente, una vez acabada la EGB, me deshice de ellas. Por aquel entonces, como muchos recordaréis, los dos únicos destinos, una vez acabada la escuela, era el instituto, o BUP, o bien realizar un curso de formación profesional o FP. Evidentemente aquellas chicas no consiguieron las notas adecuadas para ir al instituto.
La pesadilla finalizó entonces pero durante largos años, la desconfianza, y la baja autoestima hicieron mucha mella en mi personalidad. Si bien también es cierto,que gracias a las nuevas amistades que hice en el instituto descubrí otra perspectiva de mi misma y de los demás.
Durante todos estos años, precisamente este tipo de episodios en mi vida, fueron los que de manera indirecta me llevaron a indagar en la psique humana, y en mis ratos libres, no era raro que cayera en mis manos, algún libro de psicología, o de autoayuda como los conocemos hoy en día. Pero la gran salvación vino  de esas maravillosas amistades que conocí después, y de una fuerza, que no se muy bien de donde salió, que fue la que no me dejó caer en la depresión y la desesperación como les ha pasado a muchos chicos hoy en día. 
Me sorprende cuando se insinúa que o bien los chicos, han exagerado los hechos, que o bien es que en su casa no había una estructura familiar adecuada, o como dije antes, que son cosas de críos... otro punto sería, cual es el papel de los profesores, de la escuela, y de los padres, pero es otro tema para otra entrada en este blog.
No sé de qué se sorprenden cuando estos chicos no han dicho nada en casa, y los mismos padres reconocen no tener ni idea de  lo que les sucedía. Yo lo relaciono mucho con el tema de los malos tratos. Estas "personas" consiguen hacerte sentirte tan mal, y despiertan tal miedo en ti, que no te atreves ni siquiera a  comentarlo en casa, precisamente por miedo a que te tachen de "blanda" o de exagerada. Te dejan la autoestima por los suelos, y consiguen que te creas los defectos de los que se burlan.
Yo no soy madre, pero últimamente es más común escuchar en alguna que otra conversación aquello de " yo a mi hijo le digo que no hay que pegar, pero que si hay algún chico que se mete con él constantemente, que se defienda".. bueno, otra discusión sería si a la violencia hay que responder con violencia y si eso conseguiría solucionar algo, pero no es tan fácil, y menos en la sociedad que vivimos ahora, que un chico delate a sus mal tratadores cuando no se siente apoyado por ningún lado, y que sabe que sus acosadores le pueden esperar en cualquier esquina cuando menos se lo piense..
Al final, tragas, cierras los ojos, y esperas que vuelva a llegar la luz del día hasta que todo pase.
Conozco la sensación de sentirse atrapado, de no entender por qué alguien se ceba tanto con uno, y lo que es peor, de cómo hacer para que todo acabe. Desgraciadamente, los chicos toman la decisión equivocada, y la peor salida. 
Independientemente de la edad que se tenga, el respeto por los demás, es lo único que nos distancia de los animales, si eso ya no se enseña, si eso ya no es importante en nuestra sociedad, apaga y vámonos.
Se suele decir "no hay mal que cien años dure...". Lo bueno de todo esto en mi vida, es que con los años, conseguí encontrarme a mi misma, con mis defectos y virtudes, y aunque en todas las épocas de la vida, nos encontramos auténticos "nazis", el secreto está en mantenerse en lo que se es y no dejar que nunca nadie coaccione, lo único que nadie te puede arrebatar, tu libertad individual.
Por cierto, de aquellas tres chicas, no volví a saber nada. A dos de ellas, las vi un par de veces por la calle, y sinceramente su aspecto era lastimoso...por lo que supe después no es que hubieran dirigido muy bien sus vidas. No me alegro, pero en esta vida nuestros actos siempre tienen consecuencias, a través del tiempo y del espacio...
Es triste que un niño o un adolescente cercene su vida por culpa de otros, que nadie haya podido ayudarles, y que hayan tomado una decisión tan drástica en la mayor de las soledades.
No vivimos en un mundo de rosa, y la vida no es justa, pero todo debe llegar a su debido momento y no corresponde que cuando  se debe disfrutar de los amigos, de los juegos, de las salidas, de los primeros novios/as, tu vida sea un infierno. 
Ahora me vienen unas palabras a mi memoria de alguien que apenas me conocía, y al que siempre agradeceré por tan tremendo detalle.. dijo algo así como "eres demasiado buena para que te pisen".
A aquellos que os sentís solos y desesperados, no dejéis que se hagan amos de vuestras vidas, sois más fuertes de lo que creéis, y en el fondo, ellos son los cobardes. La vida es hermosa, y vale la pena vivirla...siempre.


viernes, 15 de febrero de 2013

Salud a golpe de tarjeta


Hoy me siento un poco triste al escribir sobre un tema que como todos sabéis está a la orden del día pero sobre el que me gustaría hacer una reflexión a través de experiencias propias.
Afortunadamente, pocas veces he tenido que pisar el ambulatorio de mi población o un hospital, y cuando lo he hecho evidentemente, ha sido por algo de gravedad.
No recuerdo a día de doy, alguna vez que haya ido de visita al médico de cabecera, y no haya tenido que esperar una hora de media o tener que aguantar respuestas antipáticas e incluso maleducadas por parte del médico. En ese aspecto no he notado grandes cambios, la verdad. Quizá en los últimos años, es cuando he notado cierto caos al encontrarme por ejemplo,  que entre una visita y otra me han cambiado el médico sin notificármelo, que ha habido errores de comunicación entre médicos y el personal administrativo, etc..
Durante todo este tiempo, mientras he esperado en la sala de espera, veía  como entre las personas que acudían a sus médicos, reinaba una cierta resignación ante todo este cúmulo de malentendidos pero  sí que es cierto, que en las últimas ocasiones, la gente ya no se calla ante las interminables esperas, las actitudes a veces casi de indiferencia de algunos médicos, etc...
Creo que hasta cierto punto, hemos aguantado heroicamente un sistema que dicho sea de paso, está   genialmente ideado, pero que con el tiempo se ha ido transformando en algo que ya no cumple las expectativas, por lo menos de una parte de la población entre los cuales me incluyo.
Siempre he sido reticente a pagar por hacerme una prueba diagnóstica, o a visitar a un especialista privado, porque he considerado que disponíamos de un sistema de atención sanitaria privilegiado y que puestos a cotizar y a que nos quiten parte del sueldo para participar en ello, le debía cierta confianza, si lo queréis llamar así. De hecho tengo que admitir, que mi opinión respecto a la medicina privada era algo así como "la medicina de los ricos".
Mi primera y mayor decepción fue a raíz de la enfermedad que desgraciadamente acabó con mi padre en pocos meses, y que tristemente consistió en un ir y venir de médicos, pruebas y demás, que desembocaron en una larga espera mientras que la que enfermedad siguió su fatal recorrido.
Cuando le reproché a su médico de cabecera ciertas prácticas incorrectas por su parte, me contestó con un "yo de ti no me metería en esos temas porque llevas las de perder".
Ante la posibilidad de denunciar una posible negligencia médica, nos dimos cuenta de que realmente no íbamos a llegar a buen puerto, y que realmente nada de lo que pudiéramos hacer nos devolvería a mi padre, por lo que desistimos.
Sé de bastantes casos, a parte de los que podemos ver en los medios, de negligencias, largas listas de espera para importantes operaciones, y un sin fin de despropósitos, que han llevado desgraciadamente a resultados trágicos, pero aún y así, continuamos poniendo nuestra salud en manos de unos médicos que creo, ya no dan más de sí en muchos aspectos.
Yo no entiendo de leyes, ni de cuestiones políticas, pero sí sé que algo no va bien.
Mi sospecha como la de  muchas personas, es que nos están llevando a lo que yo describiría como  un auténtico negocio. No discuto que en este país haya grandísimos profesionales, tanto en la seguridad social como en la medicina privada. Pero a mí lo que me vale, es que me atiendan bien, educadamente y con cierto "ritmo" ante las pruebas que me tenga que hacer independientemente de sí escojo una opción u otra.
Lamentablemente, he llegado a la conclusión de que la salud sí tiene un precio.
Hace unas semanas me hice una lesión en un hombro y después de tres semanas de baja, sin más tratamiento que unos antiinflamatorios, he decidido consultar a un médico de la medicina privada. No voy a decir que me ha "curado" del todo, pero en una sola  hora de consulta me ha arreglado lo que no han hecho tres médicos diferentes que me han visitado previamente en la seguridad social.
En esos momentos no podía dejar de pensar por un lado, en las ventajas de entrar en un centro de estas características y "disfrutar" del privilegio de una atención tan personalizada y por otro, pensaba en lo que me estaba costando, económicamente hablando claro.
He llegado a casa aliviada, y en cierto modo esperanzada, de que realmente una no tiene que estar sufriendo, en este caso, por una lesión  tanto tiempo cuando tiene la posibilidad de sanar en un tiempo récord. Pero he aquí el problema, ¿qué sucedería si no pudiera pagarlo?
Está claro que ésta es la pregunta del millón y por el que miles de personas están luchando para que  la seguridad social, que siempre nos ha "protegido", sea de nuevo aquel sistema por el que lucharon nuestros abuelos y para que nadie pierda su salud por no tener medios de acceder a él.
Por el  momento veo que tristemente, en este país a la salud sí se le está intentado poner precio, pero también tengo que reconocer que hoy he recuperado en parte la mía, a golpe de tarjeta. 

miércoles, 30 de enero de 2013

Por un trozo de pan





Hay una escena de la película "La guerra de los mundos" ( 2005) protagonizada por Tom Cruise y basada en la novela de H.G Wells, que me gustaría describir.
Por si alguien desconoce cuál es el argumento de  la película, os diré que se trata de una guerra entre los humanos y los alienigenas que han invadido el mundo.Algo muy parecido a "Independence Day", pero más dramática.  El caso es,   que Ray ( Tom Cruise) intenta llegar a un ferry para cruzar el río Hudson en su carrera por huir de los dichosos alienigenas. Él y sus dos hijos van en un coche, los únicos que tienen ese privilegio, por lo que un tumulto de personas que se agolpan en espera de poder acceder al ferry, ven en ese privilegio la manera de escapar también. A continuación unas cuantas personas  comienzan a vapulear el vehículo, romper cristales, e intentar con una violencia desatada, sacar del coche a Ray y a  sus dos hijos. En medio del caos y de la locura, el protagonista saca una pistola y dispara al aire para alejar a los desesperados de su familia; y lo consigue hasta que otro hombre a su vez lo apunta con otra arma y le obliga a alejarse . Cuando por fin consiguen zafarse del gentío, se oye un segundo disparo. Aquél que había conseguido arrebatarles el coche, muere asesinado por otra persona que a su vez también ha intentado llevarse el vehículo.
Cuando veo escenas como éstas, no puedo evitar hacer una reflexión sobre la avaricia, la codicia, y la ambición humanas cuando uno está desesperado. Me pregunto hasta qué punto una persona, por defender a su familia, a un amigo, a una pareja, sacaría de lo más profundo de su alma ese lado más oscuro.
En el mundo y en la sociedad que vivimos, encontramos casos de todo tipo, pero que bajo mi criterio no se pueden englobar en un mismo grupo. Vemos, desgraciadamente, como chicos jóvenes con acceso a las armas, un buen día se plantan en medio de sus institutos o universidades y dejan tras de sí heridos y muertos. Vemos  países en los que  la población se subleva ante el poder político, donde las guerras civiles se llevan por delante a miles de personas por defender un territorio, por el control de las armas o el tráfico de droga.
Según mi opinión,  algunos de estos casos nacen de   un instinto de supervivencia, del "sólo puede quedar uno" cuando ves tu vida amenazada o la de un ser querido y eres tú, o es el otro. ¿Qué haríais?¿ Hasta dónde llegaríais?
Pero no, yo hablo de traición. De esos amigos, vecinos y familiares de los cuales nunca pensaríais que actuarían así. Más que violencia, hablo de falta de lealtad, de solidaridad.
Otra escena. Aquellos que me conocen, saben de mi interés por la antigüedad, y en concreto por las diferentes culturas y religiones. Una de las figuras que siempre me ha fascinado y sobre la cuál no sé si alguna vez llegaré a rozar un atisbo de verdad, es Jesús de Nazaret, como personaje histórico y humano. No puedo evitar un estremecimiento cuando me encuentro ante la escena de un hombre, que mientras es apresado y juzgado  por los propios cabecillas religiosos de su pueblo y puesto su destino en manos de los que gobernaban en aquel momento, uno de sus mayores seguidores, Simon, el que sería Pedro posteriormente, reniega de él invadido por el miedo y la cobardía. Ahora no es momento de entrar en  detalle de cuánto podía amar aquel discípulo a su maestro y de los motivos que lo llevaron a actuar así, pero como veis la traición estuvo presente hasta en uno de los momentos más importantes de nuestra historia como civilización.
"Tu también hijo mio", fue lo que dijo César a su protegido Bruto, cuando envuelto por los que conjuraron contra él, y mientras era asesinado a puñaladas, vio entre los asesinos el rostro de  quien creía que le era fiel.
En el día a día, estoy segura de alguna historia conoceréis o habréis vivido, de infidelidad en una pareja, de un compañero de trabajo que ha querido "subir" a costa vuestra,..ejemplos que sin llegar a extremos como los antes mencionados, como en el caso de una guerra, le dejan entrever a una a veces, hasta donde no llegaría alguien por conseguir lo que ambiciona.
Afortunadamente, no siempre es así, y prevalecen los buenos ejemplos de compañerismo y solidaridad, pero es más triste si cabe, cuando el objetivo, digamos, es algo tan simple como conseguir mejor nota que tú en un examen, o colarse en la cola del supermercado para que  te atiendan antes.
Vivimos en una sociedad y más ahora que nunca, en la que las necesidades de las personas empiezan a hacer aflorar ese modo de actuar, pero insisto, habría que verse en ellas para criticarlo. Imagino que si yo tuviera un hijo y sólo quedara un trozo de pan para darle de comer, lucharía con uñas y dientes contra quien hiciera falta, incluso robaría, y ¿mataría? No lo sé.
Pero traicionar por traicionar, por demostrar que vales más, que eres mejor, porque consideras que en tu ranking de valores, conseguir tu objetivo es lo más importante, pasando por encima de la amistad, de la lealtad y el compañerismo, es ruin, triste y patético.
Siendo ya adulta y encontrándome en alguna situación así, he optado por apartarme yo solita de en medio, no tengo ningún interés en plantarle batalla a a alguien, que primero se ha hecho pasar por un buen/a compañero/a, y que a kilométros vista, me está "haciendo la cama" para conseguir lo que quiere. Allá tú. Pero cuando no lo ves venir, cuando nunca te lo esperarías, es cuando realmente duele.
Yo soy de aquellas personas que piensan que tarde o temprano cada uno  se encuentra en la  vida, "la vuelta del boomerang", es decir, que aquel daño que han provocado a los demás, viene de viaje de regreso con intereses.
Esa pistola con la Tom Cruise intenta defender a su familia, es la que al final, provoca el fatal desenlace, lo que al final el coche no sea ni para él ni para el otro. Quizá cuando no se miden las consecuencias de pasar por encima de los demás, por ansia de poder o reconocimiento, sea esa la recompensa: que estás donde querías, pero solo.
Posiblemente por un trozo de pan, se justifiquen muchos actos reprochables, quizá por el bien de una nación y de sus gentes, a lo largo de la historia se han cometido barbaridades, pero como colectivo, hay que poner en la balanza si vale la pena conseguirlos  a cualquier precio.
Bajo mi punto de vista, y una vez hecho el daño, lo mejor  es  apartarse de ese tipo de personas, y tratarlas con la indiferencia que se merecen.
Que sean muy felices con su trozo de pan..

 

jueves, 10 de enero de 2013

La vergüenza de la soberbia






Hace tiempo que quiero escribir sobre un tema que desgraciadamente ha sido noticia en los últimos dos meses y que nos ha conmocionado a todos: la muerte de cinco chicas en la fiesta de Halloween del Madrid Arena.
Sé que estos temas son difíciles de tratar y muy delicados, pero precisamente, porque me encuentro en mi blog, y con ese fin fue creado, me siento con la libertad  de dar mi opinión al respecto.
Es muy triste que en este país, las soluciones vengan cuando ya es demasiado tarde, y lo podemos comprobar en decenas de casos. Podemos empezar: los dichosos guardarrailes de las carreteras que sesgan cuerpos de motoristas, víctimas de accidentes de tráfico por culpa del mal estado o señalización de las vías, accidentes en pasos a nivel por falta de visibilidad, víctimas en los campos de fútbol por bengalas, centros de ocio o edificios sin las medidas de seguridad oportunas, camiones cisterna que circulan por carreteras secundarias, y un largo etcétera de errores y falta de previsión que han llevado demasiadas veces a un triste y trágico final.
Si hacéis memoria de todo esto que os hablo ha habido algún caso en nuestro pais: Camping de los Alfaques, incendio en Horta en Cataluña, el chico que murió en el campo de Sarriá al impactar una bengala en su pecho, atropello de unos chavales en la estación de Castelldefels por cruzar las vías inadecuadamente, etc...
Cuando escuché la noticia del Madrid Arena, no pude evitar acordarme del caso de la discoteca de Alcalá 20 en Madrid en el 1983. Murieron unas ochenta personas al producirse un incendio y literalmente quedar atrapadas en el local como ratones. 
Hace ya treinta años de aquello y de pronto veo en unas terribles imágenes, chicos aplastados unos encima de otros que luchan por escapar de una muerte segura en un edificio enorme donde nadie sospecharía que algo así pudiera pasar, y me pregunto, " bueno, ¿qué es esto?¿ es que no hemos aprendido nada de los que dejaron sus vidas anteriormente por casos parecidos?"
Estoy segura de que no soy la única que siente rabia e indignación ante estos hechos y más cuando una  imagina que en cualquiera de las situaciones que describo arriba podrían  encontrarse amigos, parientes, hermanos, hijos..
El punto en común de este tipo de fatales accidentes por decirlo de alguna manera, es que casi siempre, los responsables políticos quedan impunes. No puedo expresar con palabras la cara que se me queda cuando veo a según que personalidades que supuestamente representan a los ciudadanos, apareciendo en televisión, dando una serie de argumentos sin sentido, evitando responder con transparencia a los periodistas, contestando con cierta soberbia y prepotencia a cuestiones que todos nos planteamos. No tienen un mínimo de decoro por las familias, sus disculpas son vacías, carentes de cualquier sentimiento humano y compasión, y  además, que es lo peor, se creen intocables.
No puedo entender como alguien que tiene hijos, no hace un ejercicio de empatía, de ponerse en el lugar de esos padres que han perdido a sus hijas tan jóvenes, por culpa de una falta de coordinación, de responsabilidad y buen hacer que les hubiera salvado la vida. 
Es rastrero y vergonzoso, inhumano, que según que personajes todavía consideren que deben ocupar el cargo que ostentan porque consideran que "esto es todo lo que puedo hacer/no es de mi competencia/el culpable es otro". Creen que el ciudadano de a pie es analfabeto e ignorante y que, como si esto se tratara de la antigua Roma, con un partidito de fútbol, y algún despiste más, olvidará lo sucedido y a otro cosa.Pero yo, "sigo en el cargo".
De todas las tragedias, de todos los errores se ha aprendido en este país, pero hay algo que todavía no se ha solucionado, y es la falta de justicia para las víctimas y la devolución de la dignidad a sus familias, porque sencillamente, se podría haber evitado.
Algunos podrían tomar nota del primer ministro  japonés que al haber perdido las elecciones, dimitió porque consideró no haber hecho bien su trabajo, entre otros, el desastre de la central de Fukushima a causa del  tsunami. 
No podemos permitir que nos traten de tontos, no podemos creer en unas  explicaciones carentes de verdad y transparencia, porque no la tienen. 
La vergüenza y la deshonra no es para los inocentes sino para quien, hambriento de poder y  de avaricia, no hizo lo que tuvo y pudo hacer para salvarlos, por pura soberbia.


Anexo.a los que dieron su vida para que nunca más vuelva a suceder.

miércoles, 9 de enero de 2013

Mensaje en una botella



Me gustaría empezar esta nueva entrada de mi blog lanzando un mensaje, como todos los que envío a través de esta página, a todas aquellas personas que os tomáis unos minutos de vuestro tiempo para leer lo que aquí escribo: muchas gracias. Vuestras opiniones y consejos son muy útiles para la creación de este blog. No hace falta decir, que si queréis proponer algún tema sobre el que os gustaría que escriba, no tenéis más que enviar un mail o hacer un comentario. Gracias de nuevo.

Hace unas semanas, justo antes de las fiestas navideñas, hablaba con unas compañeras sobre las típicas costumbres de estas fechas, y como siempre, de un tema nos fuimos a otro, y acabamos hablando de las cartas. Sí, las cartas. Aquello que acostumbrábamos a hacer cuando queríamos saber de un amigo o de un  familiar. Cuando la vida no iba tan deprisa y las palabras se escribían completas y no abreviadas. 
En unos cuantos años, la tecnología ha avanzado tanto que parece que hablar de un radio-casette,  de un disquete o de una carta, sean mitos y leyendas de tiempos arcanos y pasados, pero no hace tanto de ello ¿verdad?
Creo que hoy en día, muchos hemos perdido esa maravillosa costumbre que es escribir, sin más.
Y yo soy de las que piensan que esa es y está siendo, la gran perdición de esta nueva época en la que no  tener Whatsapp te califica poco menos que de marginado social. Soy consciente y creo, que todo progreso conlleva evidentemente un beneficio, sino no sería progreso, pero desde luego que también conlleva una pérdida, y en este caso, es ese, el arte de escribir y por defecto, de leer.
Pero éste es un tema del que podemos hablar más extensamente en otro momento.
Antes de continuar, quiero volver hacia atrás.
Hubo un tiempo, cuando yo estudiaba en la universidad, en la que aproximadamente cada quince días, me sentaba en la cafetería de la facultad y me dedicaba durante unas horas ( sí, horas), a escribir a una amiga que estudiaba en otra universidad, lejos de casa. Todavía conservo aquellas cartas. 
Recuerdo que perdía la noción del tiempo y que intentaba plasmar en unos cuantos folios, y de la manera más  natural posible, mis emociones y sentimientos  sobre muchos aspectos de mi vida.
Fueron años muy duros porque aunque por un lado me sentía a gusto con lo que hacía y estudiaba, y con las compañeras que había conocido en la facultad, por otro, en el aspecto personal y familiar, la situación se complicó por diferentes circunstancias que me hacían sufrir y mucho.
Aquellas horas dedicadas a escribir a aquella amiga, me servían de terapia: para expulsar aquel sufrimiento; de alivio, porque sabía que aquellas palabras se dirigían a alguien que en cualquier caso, iba a hacer el esfuerzo por entenderme, o si más no, comprenderme. Finalmente me servía para coger distancia, para intentar ser más objetiva sobre lo que me sucedía, puesto que leía y releía una y otra vez lo que escribía, llegaba un momento en que parecía que aquellos problemas en el papel pertenecían a otra persona.En definitiva, escribir me liberaba.
Aquellos que me conocen, saben que no soy muy navideña. La verdad es que no acabo de entender el significado de lo que la Navidad se supone que debe ser. Entiendo que es una fiesta religiosa, pero si no soy católica, no entiendo porque debo sí o sí "someterme" a ella. Entiendo que es una excusa como cualquier otra, para reunirse con familiares y amigos, cuando por otro  lado me pregunto porqué no se puede hacer en cualquier otro momento del año. Entiendo que cuando eres niño, el hecho de no tener que ir al cole, o siendo ya más mayor, al instituto o a la universidad, se agradece bastante la verdad; pero luego te encuentras, que las supuestas vacaciones son la antelación de exámenes, deberes y trabajos que entregar justo a la vuelta, por lo que las supuestas vacaciones ya no son tales.
En fin, respeto el sentimiento y la percepción de cada personas sobre este tipo de fiestas, pero sinceramente, no lo comparto.
Si bien es cierto, también la celebración de este tipo de festividades, viene impuesta en cierto modo, por como se han vivido en la familia. Y en mi caso, se han celebrado como en cualquier otra casa, a diferencia que nosotros al tener el resto de la familia lejos, éramos los cuatro miembros principales y ya está. También es verdad que de alguna manera, planeaba por el ambiente una cierta nostalgia y melancolía de mis padres, sobretodo por parte de mi padre, y las cenas y reuniones familiares tenían poco de divertido. Está claro, que al menos en mi caso, no ayudó a que mi idea de las navidades fuera diferente a la que es hoy en día.
Si además le añadimos que desde hace unos nueve años, trabajo en una empresa en la que no se puede  coger vacaciones precisamente cuando todo el mundo las disfruta ( en muchos ámbitos laborales pasa esto) , sucede que tu ritmo de vida sigue otro muy distinto al del resto del mundo, y a una le quedan muy pocas ganas de celebrar nada cuando está cansado y agotado.
Tema a parte, está claro, sería la actitud. Aunque mis circunstancias sean esas, yo puedo hacer que por lo menos el tiempo libre que me quede, disfrutar del espíritu navideño, y aunque me cuesta, cada año que pasa lo intento, de verdad.

Cuando yo era pequeña, cada año, mis padres compraban unas cuantas postales navideñas, todo un ritual por cierto, porque tenía que escoger entre un montón de dibujos y tamaños, varias de ellas, todas diferentes para cada uno de los familiares que viven fuera.
El ritual continuaba llegando a casa y proceder a decidir para quien era una y para quien era la otra.
Después pasaba, siguiendo las instrucciones de mi padre, a escribir correctamente y con buena letra, el típico " Felices fiestas y feliz año nuevo, de vuestros hijos y nietas". No era algo que no me gustara hacer, y la verdad es que  me producía cierta alegría ver que los demás hacían lo mismo, y al cabo de unos días, en el buzón aparecían las postales de esos familiares que seguramente seguían el mismo ritual que yo.
Hace muchos años que esa costumbre se perdió, y más cuando una crece y ve que por parte de algunos de esos familiares recibir una postal de navidad viene a ser lo mismo que oír llover.
Pero el gesto, al fin y al cabo es bonito.
Cuando hablaba con mis compañeras sobre las costumbres de estos días, apareció precisamente este tema, y nos reíamos acordándonos de ello. Quien iba a imaginar que veinte años después los mails, los sms y demás iban a sustituir aquel ritual. Yo desde luego, no.
Pero de vez en cuando, esos mensajes, que parecen hoy en día, tan lejanos, vuelven y aparecen en la arena de la vida, así de pronto, en su formato original.
Tanto que hemos olvidado esos pequeños gestos, y tanto que nos "escribimos" a través de los móviles y los correos electrónicos, ¿no os da la sensación de que parece que en el fondo no decimos nada?  ¿Qué pasaría si esa información volviera a ser como antes? ¿No creéis que el mensaje que intentáis transmitir adquiere toda la fuerza de esas emociones y sentimientos que yo reflejaba en mis cartas?¿en vuestras cartas? ¿ qué fuerza tiene el recuerdo de un perfume, o de una canción? 
Todo lo asociamos a vivencias, a contextos de nuestras vidas, a edades, a sentimientos.¿A qué asociáis esos mensajes de vuestras vidas cuando escribís en el ordenador o el móvil?
Hace unos días, llegué a casa, y encontré un mensaje en una botella. 
Era un recuerdo del pasado, de años inolvidables por lo bueno y  por lo malo. Aparece de la nada año tras año, y año tras año olvido que el mensaje vuelve. 
Viene en forma de una letra bellísima, del ritual de escoger la postal y decidir qué escribir y cómo escribirlo. Viene a través del tiempo para recordarme que todo sucedió y que lo hizo con mucha fuerza.
Esa postal de navidad, la única todos los años. La que me acerca a ese espíritu navideño del que tanto reniego. Quizá de eso se trate. 
Una postal de navidad, de una amiga a la que quiero con todo mi corazón y que conocí en esos años de ilusiones y sueños borrados por el paso del tiempo. Es curioso, la tengo agregada en el Facebook, y apenas cruzamos alguna que otra palabra en mucho tiempo, pero ahí está, el mensaje año tras año, en el buzón.
Escribir limpia el alma, transmitir los mensajes de vuestro puño y letra exorciza los pensamientos y los eleva a lo más profundo de los corazones. Te sitúa en el espacio y el tiempo de quien escribe sea éste cual sea. 
Es un pequeño milagro de navidad que agradezco de todo corazón y que me transporta una vez al año a otras arenas, cuando la amistad me salvó de mi misma y de lo que me rodeaba, cuando sus sonrisas y sus lágrimas, como las mías, nos unieron, para siempre.
¿ A dónde os transportan los mensajes de los que quéreis, de los que ya no están, de los que quedaron atrás, de los que os rodean en este momento?..
No dejéis de enviar mensajes para la eternidad y de seguir con vuestros rituales!
¡Feliz año nuevo!

Anexo: Al grupo de amigas de la promoción 1996-2000  de la carrera de Filología Clásica de la Universidad Autónoma de Barcelona: Esther M, Loli H., Paqui R, Lily, Loli, Ingrid  y en especial a Sara Molina, por seguir el ritual.No os olvido.




domingo, 14 de octubre de 2012

Eternamente esclavas



Hace unos días vi una noticia  que me puso los pelos de punta y me emocionó. Aunque hoy en día lo raro es ver buenas noticias, siempre enciendo la televisión con la esperanza de ver algo fresco, algo nuevo, algo que me de esperanza de que las cosas pueden cambiar para mejor; pero parece que la raza humana está dispuesta a ir decididamente hacia el precipicio en lugar de intentar salvarse. Dentro de poco empezarán a bombardearnos con historias tristes de niños desamparados, de apadrinamientos, de países pobres que no tienen recursos.. y es que se acerca la Navidad. Es verdad, este tipo de noticias negativas, sólo se dan en Navidad. El resto del año todo va perfecto, o eso nos obligamos a creer, porque tenerlo en cuenta todos los días sería simplemente como volverse loco. Por eso cuando vemos según que noticias, nos damos la vuelta, volvemos a nuestras cosas, y lo que ocurre a ciento de kilómetros, ya no existe, desaparece.
Malala  Yousafzai es una chica de catorce años del Pakistán que hace tiempo que denuncia en su blog como tratan los talibanes a las mujeres, en concreto a las niñas. Niñas que no pueden recibir una educación, que no pueden ir al colegio, ni tienen derecho a mirar por la calle más allá de sus burkas, mejor dicho, de la rejilla de sus burkas;ni qué hablar de los malostratos, de los abusos psicológicos y sexuales a los que se ven sometidas. En fin, un cúmulo de crueldades y torturas que viven estas mujeres de los  países gobernados por los talibanes, propios de salvajes y monstruos.
Malala salió del colegio hace unos días, y antes de subir al vehículo que la llevaría a casa junto con otras compañeras recibió un tiro en el cuello y otro en la cabeza. Está en estado grave y ahora mismo desconozco si saldrá adelante. Fueron sus propios gobernantes, los que se suponen que deben cuidar a su pueblo y defender sus derechos, los que cometieron tal salvajada. Fueron unos cobardes, los que creyéndose tan valientes, dispararon a bocajarro a una niña por el simple hecho de serlo.
Cuando veo estas cosas, me entran ganas de ponerme al nivel de estos individuos; de coger una pistola, un billete de avión, plantarme en su ciudad, dar con ellos, y que al girar un esquina se encuentren con unos cuantos balazos en la frente. También cogería un saco de piedras, los ataría a un árbol y les arrojaría  piedras, como hacen ellos con sus mujeres, como si fueran animales, por el simple hecho de no querer casarse con quien les humilla y les maltrata. O por algo tan humano y bello, como querer ser  libre.
Pero gracias a Dios, o a quien sea, eli corazón  y la razón equilibran en mi y en millones de personas, ese lado oscuro que todos tenemos, y que nos hace poner en la balanza el bien y el mal.
Sí, yo haría lo mismo, pero entonces sería como ellos. Se trata de tragar las lágrimas, de encoger la rabia, y en hacer precisamente lo que hizo Malala: luchar contra ellos con las armas de la tolerancia y la libertad a pesar de poner en riesgo tu vida. Casi nada.
No hace tanto en este país, a las mujeres se las trataba poco menos que como a burras esclavas. Yo lo sigo viendo en la generación de mis abuelos, e incluso en la generación de algunos de nuestros padres. La mujer como chacha, sin derecho a opinar, a expresarse, a vestirse o a estudiar como ella quiera o le venga en gana. Llegar a ser una mujer  libre,  dueña y señora de su vida no ha sido fácil, ha costado muchas lágrimas  y muchas muertes a manos de maridos enfermos que creían que la mujer era "suya" y podía hacer con ella lo que quisiera.
Pero en el caso de los países controlados por estos animales ( =talibanes) hay todavía algo peor: la manipulación de la religión. Ellos se han hecho con una parte de sus creencias que han adaptado a su antojo para justificar su odio hacia sus mujeres, y con eso tienen suficiente.  No será fácil ni lo está siendo que en los países árabes algún día la religión no sea el látigo con el que martirizar a quienes no siguen su ley, como no lo fue en Europa durante muchos siglos, pero valientes como Malala dan un primer paso para que todo cambie. Sin armas, ni piedras, ni  guerras, sólo con su propia voz.
Que la Biblia, o el Corán así como otras obras sagradas de otras religiones del mundo sean el rumbo y el consuelo de millones de personas en el mundo, que sea la piedra angular de sus vidas, no tiene nada de malo para quienes lo usan con el propósito de entenderse a sí mismo y al mundo que lo rodea, para ser mejor persona, para intentar ayudar al prójimo, para ser tolerante y respetar la libertad de los demás. Lo malo es cuando los seres humanos buscamos la justificación de nuestros actos en las palabras de los dioses. 
Espero y deseo que algún día las mujeres de esos paises puedan quitarse los grilletes de la intolerancia de esos energúmenos, y que puedan vestir, pensar y hablar como ellas deseen. Mientrastanto, Malala es como muchas otras, la luz al final del túnel, que tarde o temprano ha de llegar. Es un ejemplo a seguir, una heroína. Su historia me conmovió pero me dio esa esperanza, cuando enciendo el televisor, de que todavía hay personas dispuestas  a luchar; desgraciadamente el precio siempre fue, es y será muy alto.
Recupérate pronto querida niña valiente. Que Alá te cuide. 
Nota: Sobre las mujeres en el régimen talibán os recomiendo Mil soles espléndidos del escritor  Jaled Hosseini, autor también de Cometas en el cielo. Muy recomendables.