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domingo, 14 de octubre de 2012

Eternamente esclavas



Hace unos días vi una noticia  que me puso los pelos de punta y me emocionó. Aunque hoy en día lo raro es ver buenas noticias, siempre enciendo la televisión con la esperanza de ver algo fresco, algo nuevo, algo que me de esperanza de que las cosas pueden cambiar para mejor; pero parece que la raza humana está dispuesta a ir decididamente hacia el precipicio en lugar de intentar salvarse. Dentro de poco empezarán a bombardearnos con historias tristes de niños desamparados, de apadrinamientos, de países pobres que no tienen recursos.. y es que se acerca la Navidad. Es verdad, este tipo de noticias negativas, sólo se dan en Navidad. El resto del año todo va perfecto, o eso nos obligamos a creer, porque tenerlo en cuenta todos los días sería simplemente como volverse loco. Por eso cuando vemos según que noticias, nos damos la vuelta, volvemos a nuestras cosas, y lo que ocurre a ciento de kilómetros, ya no existe, desaparece.
Malala  Yousafzai es una chica de catorce años del Pakistán que hace tiempo que denuncia en su blog como tratan los talibanes a las mujeres, en concreto a las niñas. Niñas que no pueden recibir una educación, que no pueden ir al colegio, ni tienen derecho a mirar por la calle más allá de sus burkas, mejor dicho, de la rejilla de sus burkas;ni qué hablar de los malostratos, de los abusos psicológicos y sexuales a los que se ven sometidas. En fin, un cúmulo de crueldades y torturas que viven estas mujeres de los  países gobernados por los talibanes, propios de salvajes y monstruos.
Malala salió del colegio hace unos días, y antes de subir al vehículo que la llevaría a casa junto con otras compañeras recibió un tiro en el cuello y otro en la cabeza. Está en estado grave y ahora mismo desconozco si saldrá adelante. Fueron sus propios gobernantes, los que se suponen que deben cuidar a su pueblo y defender sus derechos, los que cometieron tal salvajada. Fueron unos cobardes, los que creyéndose tan valientes, dispararon a bocajarro a una niña por el simple hecho de serlo.
Cuando veo estas cosas, me entran ganas de ponerme al nivel de estos individuos; de coger una pistola, un billete de avión, plantarme en su ciudad, dar con ellos, y que al girar un esquina se encuentren con unos cuantos balazos en la frente. También cogería un saco de piedras, los ataría a un árbol y les arrojaría  piedras, como hacen ellos con sus mujeres, como si fueran animales, por el simple hecho de no querer casarse con quien les humilla y les maltrata. O por algo tan humano y bello, como querer ser  libre.
Pero gracias a Dios, o a quien sea, eli corazón  y la razón equilibran en mi y en millones de personas, ese lado oscuro que todos tenemos, y que nos hace poner en la balanza el bien y el mal.
Sí, yo haría lo mismo, pero entonces sería como ellos. Se trata de tragar las lágrimas, de encoger la rabia, y en hacer precisamente lo que hizo Malala: luchar contra ellos con las armas de la tolerancia y la libertad a pesar de poner en riesgo tu vida. Casi nada.
No hace tanto en este país, a las mujeres se las trataba poco menos que como a burras esclavas. Yo lo sigo viendo en la generación de mis abuelos, e incluso en la generación de algunos de nuestros padres. La mujer como chacha, sin derecho a opinar, a expresarse, a vestirse o a estudiar como ella quiera o le venga en gana. Llegar a ser una mujer  libre,  dueña y señora de su vida no ha sido fácil, ha costado muchas lágrimas  y muchas muertes a manos de maridos enfermos que creían que la mujer era "suya" y podía hacer con ella lo que quisiera.
Pero en el caso de los países controlados por estos animales ( =talibanes) hay todavía algo peor: la manipulación de la religión. Ellos se han hecho con una parte de sus creencias que han adaptado a su antojo para justificar su odio hacia sus mujeres, y con eso tienen suficiente.  No será fácil ni lo está siendo que en los países árabes algún día la religión no sea el látigo con el que martirizar a quienes no siguen su ley, como no lo fue en Europa durante muchos siglos, pero valientes como Malala dan un primer paso para que todo cambie. Sin armas, ni piedras, ni  guerras, sólo con su propia voz.
Que la Biblia, o el Corán así como otras obras sagradas de otras religiones del mundo sean el rumbo y el consuelo de millones de personas en el mundo, que sea la piedra angular de sus vidas, no tiene nada de malo para quienes lo usan con el propósito de entenderse a sí mismo y al mundo que lo rodea, para ser mejor persona, para intentar ayudar al prójimo, para ser tolerante y respetar la libertad de los demás. Lo malo es cuando los seres humanos buscamos la justificación de nuestros actos en las palabras de los dioses. 
Espero y deseo que algún día las mujeres de esos paises puedan quitarse los grilletes de la intolerancia de esos energúmenos, y que puedan vestir, pensar y hablar como ellas deseen. Mientrastanto, Malala es como muchas otras, la luz al final del túnel, que tarde o temprano ha de llegar. Es un ejemplo a seguir, una heroína. Su historia me conmovió pero me dio esa esperanza, cuando enciendo el televisor, de que todavía hay personas dispuestas  a luchar; desgraciadamente el precio siempre fue, es y será muy alto.
Recupérate pronto querida niña valiente. Que Alá te cuide. 
Nota: Sobre las mujeres en el régimen talibán os recomiendo Mil soles espléndidos del escritor  Jaled Hosseini, autor también de Cometas en el cielo. Muy recomendables.