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viernes, 15 de febrero de 2013

Salud a golpe de tarjeta


Hoy me siento un poco triste al escribir sobre un tema que como todos sabéis está a la orden del día pero sobre el que me gustaría hacer una reflexión a través de experiencias propias.
Afortunadamente, pocas veces he tenido que pisar el ambulatorio de mi población o un hospital, y cuando lo he hecho evidentemente, ha sido por algo de gravedad.
No recuerdo a día de doy, alguna vez que haya ido de visita al médico de cabecera, y no haya tenido que esperar una hora de media o tener que aguantar respuestas antipáticas e incluso maleducadas por parte del médico. En ese aspecto no he notado grandes cambios, la verdad. Quizá en los últimos años, es cuando he notado cierto caos al encontrarme por ejemplo,  que entre una visita y otra me han cambiado el médico sin notificármelo, que ha habido errores de comunicación entre médicos y el personal administrativo, etc..
Durante todo este tiempo, mientras he esperado en la sala de espera, veía  como entre las personas que acudían a sus médicos, reinaba una cierta resignación ante todo este cúmulo de malentendidos pero  sí que es cierto, que en las últimas ocasiones, la gente ya no se calla ante las interminables esperas, las actitudes a veces casi de indiferencia de algunos médicos, etc...
Creo que hasta cierto punto, hemos aguantado heroicamente un sistema que dicho sea de paso, está   genialmente ideado, pero que con el tiempo se ha ido transformando en algo que ya no cumple las expectativas, por lo menos de una parte de la población entre los cuales me incluyo.
Siempre he sido reticente a pagar por hacerme una prueba diagnóstica, o a visitar a un especialista privado, porque he considerado que disponíamos de un sistema de atención sanitaria privilegiado y que puestos a cotizar y a que nos quiten parte del sueldo para participar en ello, le debía cierta confianza, si lo queréis llamar así. De hecho tengo que admitir, que mi opinión respecto a la medicina privada era algo así como "la medicina de los ricos".
Mi primera y mayor decepción fue a raíz de la enfermedad que desgraciadamente acabó con mi padre en pocos meses, y que tristemente consistió en un ir y venir de médicos, pruebas y demás, que desembocaron en una larga espera mientras que la que enfermedad siguió su fatal recorrido.
Cuando le reproché a su médico de cabecera ciertas prácticas incorrectas por su parte, me contestó con un "yo de ti no me metería en esos temas porque llevas las de perder".
Ante la posibilidad de denunciar una posible negligencia médica, nos dimos cuenta de que realmente no íbamos a llegar a buen puerto, y que realmente nada de lo que pudiéramos hacer nos devolvería a mi padre, por lo que desistimos.
Sé de bastantes casos, a parte de los que podemos ver en los medios, de negligencias, largas listas de espera para importantes operaciones, y un sin fin de despropósitos, que han llevado desgraciadamente a resultados trágicos, pero aún y así, continuamos poniendo nuestra salud en manos de unos médicos que creo, ya no dan más de sí en muchos aspectos.
Yo no entiendo de leyes, ni de cuestiones políticas, pero sí sé que algo no va bien.
Mi sospecha como la de  muchas personas, es que nos están llevando a lo que yo describiría como  un auténtico negocio. No discuto que en este país haya grandísimos profesionales, tanto en la seguridad social como en la medicina privada. Pero a mí lo que me vale, es que me atiendan bien, educadamente y con cierto "ritmo" ante las pruebas que me tenga que hacer independientemente de sí escojo una opción u otra.
Lamentablemente, he llegado a la conclusión de que la salud sí tiene un precio.
Hace unas semanas me hice una lesión en un hombro y después de tres semanas de baja, sin más tratamiento que unos antiinflamatorios, he decidido consultar a un médico de la medicina privada. No voy a decir que me ha "curado" del todo, pero en una sola  hora de consulta me ha arreglado lo que no han hecho tres médicos diferentes que me han visitado previamente en la seguridad social.
En esos momentos no podía dejar de pensar por un lado, en las ventajas de entrar en un centro de estas características y "disfrutar" del privilegio de una atención tan personalizada y por otro, pensaba en lo que me estaba costando, económicamente hablando claro.
He llegado a casa aliviada, y en cierto modo esperanzada, de que realmente una no tiene que estar sufriendo, en este caso, por una lesión  tanto tiempo cuando tiene la posibilidad de sanar en un tiempo récord. Pero he aquí el problema, ¿qué sucedería si no pudiera pagarlo?
Está claro que ésta es la pregunta del millón y por el que miles de personas están luchando para que  la seguridad social, que siempre nos ha "protegido", sea de nuevo aquel sistema por el que lucharon nuestros abuelos y para que nadie pierda su salud por no tener medios de acceder a él.
Por el  momento veo que tristemente, en este país a la salud sí se le está intentado poner precio, pero también tengo que reconocer que hoy he recuperado en parte la mía, a golpe de tarjeta.